Sabor latino... ¡en China!

Por Juliana Jiménez Jaramillo,23,Colombia | 06/01/2011 | Temas:Educación | A 167 persona(s) le(s) gusta esta página
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Solemos tocar salsa, cumbia, merengue, son y bolero. Tocamos en varios sitios en Beijing; Chengdu, la capital de Sichuan, en Kunming, la capital de Yunnan, y en otras ciudades en esa provincia.

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Los niños nos esperaban desde hacía cuatro horas. Sus escritorios estaban calientes como estufas y ellos sudaban en silencio. Sus padres esperaban pacientemente en la sombra. Llegamos con el sol del mediodía a enseñarles música latina.

Más de 100 niños, sus papás, abuelos y bisabuelos, nos rodeaban en un patio polvoriento en el suroeste de la provincia de Sichuan en el sur de China. Esta  era la octava de nueve escuelas que visitamos en el verano como voluntarios para “Unity Bridge”, una organización sin ánimo de lucro. 

Unity Bridge ofrece actividades positivas, como la música,  a los niños del campo chino que han perdido la supervisión de sus padres los cuales  emigraron  a las ciudades en busca de oportunidades. Al quedarse solos, los niños, no tienen quién los guíe y terminan involucrados en drogas y violencia.

Salsa, unidad y una beca Fullbright

Ese día, en la escuela eran tantos los niños, que no cabíamos en uno de los dos salones de clases, y tuvimos que tocar nuestra música en el patio.

Las paredes de la escuela eran una sola costra café. Los papás tenían la piel curtida por el sol y el viento, dura como cuero. Acá, ducharse y lavar la ropa no es común. Había un niño que estaba ciego, otro con un brazo roto, sostenido no por un yeso sino por un pedazo de cuerda. Entre ellos, ancianas con sombreros grandes, cuadrados y negros, fumando tranquilamente en sus pipas.

Tres generaciones de la minoría Yi, una de las 55 minorías oficiales de China, bailaron son cubano y aplaudieron al compás de la cumbia y el merengue.

Ocho millones de Yi viven en las provincias de Yunnan y Sichuan en el suroeste chino. Nos encontrábamos cerca de la frontera entre estas dos provincias, en la escuela Xinxing. Son escuelas como estas, con muchos más niños que recursos o profesores calificados, a las que Unity quiere ayudar.

El proyecto “Unity Bridge” comenzó con David Borenstein, un estudiante recién graduado de la Universidad de la Florida.

En el 2009,  David cosiguió una beca de la fundación Fullbright para vivir en la aldea No. 10 en la provincia de Sichuan. Su trabajo ahí fue el de investigar cómo la migración a las ciudades moldea la vida rural en China.

La migración y el deterioro rural

David cuenta que al llegar al pueblo, se dio cuenta de que no se veían hombres adultos; solo había ancianos y niños. Como todos los hombres adultos se mudan a las ciudades, los niños carecen de modelos tradicionales para guiarlos en el desarrollo de sus talentos y habilidades. Y ya que no hay empleo, deben tomar trabajos ilegítimos, traficando y usando drogas como las metanfetaminas.

La gente tira basura en todas partes y a pocos les importa, todos se quieren ir lo antes posible de aquí. Lo "urbano” equivale a “civilización”,  a “progreso”, por eso ellos se sienten atrasados y despreciados. Piensan que a un pueblo así no le queda mucho tiempo. Y probablemente tienen razón.

Entonces, meses después de mudarse allí, la idea de Unity se le ocurrió a un profesor de la aldea. El profesor sabía que David era músico porque tocaba su saxofón en la escuela para los estudiantes y ponía el CD de la banda de la que es parte en los Estados Unidos.

"Los Piratas del Monte"

El profesor le preguntó si quería hacer un programa de música para los niños y a él le gustó la idea. Fue así como empezó a organizar campamentos musicales, y nos invitó al resto del grupo a participar en ellos. Sin pensarlo dos veces, nos enlistamos por dos meses en esa aventura.

Para recaudar fondos para el viaje formamos una nueva versión de “Los Piratas del Monte”, una banda de Gainesville, Florida, en Estados Unidos.

Solemos tocar salsa, cumbia, merengue, son y bolero. Tocamos en varios sitios en Beijing; Chengdu, la capital de Sichuan, en Kunming, la capital de Yunnan, y en otras ciudades en esa provincia.

Natalia Pérez cantaba junto a Sebastián López, quien a su vez tocaba guitarra y acordeón. Johnny Frías, un estudiante para doctorado en etnomusicología, tocaba los bongos; yo tocaba guacharaca y bailaba con Ernesto Alonso, quien también tocaba las maracas.

Todos nos conocíamos de la Universidad de la Florida, en Gainesville. Nos acompañaba también Chen Zhi Peng (o Xiao Peng de cariño), un director de documentales de Mongolia quien hizo un documental sobre nuestro viaje:

 

 

 

Uno de los primeros campamentos fue en Wenchuan, el epicentro del terremoto de magnitud 7.9 que en mayo del 2008 afectó a esa región ocasionado la muerte de  más de 70.000 personas.

En la escuela en la que tocamos ese día, murieron 11 niños y muchos ahora son huérfanos.

Viajar en China

Gran parte del tiempo la pasamos viajando, en trenes, buses o minivans, mareados o gritando, cantando y aplaudiendo para despertar a un conductor que se dormía al volante.

El tedio lo rompíamos con música y admirando el el paisaje Sichuanés de tierras rojas, cultivos de maíz y arroz y túneles largos y obscuros, donde el aire es frío y más respirable. Derrumbes a 3.000 metros de altitud. A un lado, siempre un río, donde los hombres pescan y las mujeres traen a sus niños.

Tuvimos que cruzar un río así, en Jiuxiang, donde hicimos un campamento muy temprano en la mañana.

Veinte minutos afuera del pueblo, nos esperaba crepitante, un puente colgante de largas y delgadas planchas de hierro. Abajo el río rugía como el fuego. Tocaba seguir a pesar del vértigo.

El impacto de la música

Después encontramos un pueblito de calles de barro y perros sucios y flacos mostrando costillas que salían a darnos la bienvenida. En el colegio tenían parlantes pero nadie sabía para qué servían.

Fuimos a escuelas así, donde había dinero pero nadie que enseñara música y otras como en la de Xinxing, con poco dinero pero mucha motivación.

En cada una, nuestro impacto fue diferente, pero todavía es muy temprano para saber la profundidad. Eso se verá con el tiempo. Sí podemos, en cambio, hablar del impacto que esto hizo en nosotros.

Personalmente, aprendí a bailar salsa y a ser humilde con la limpieza personal. Esperemos que estos niños, al bailar con nosotros, hayan sentido el llamado del ritmo, y que cantar con nosotros haya despertado la música en su interior.

Comentarios y críticas

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LenisTorres (not verified)

Que alegría que personas como vosotros, hagan estas tareas altruistas. felicitaciones.

Pedrito (not verified)

Les felicito a todos para este maravilloso trabajo! Un abrazote Pedrito

Anonymous ALEJOJICA (not verified)

muchos estamos en el mundo y no sabemos para que Tu encontrate el camino de ayudar , amary dar apoyo a los que lo necesitan o te llaman Que el ETERNO TE ILUMINE SIEMPRE ALEJO

MALU (not verified)

Mi Julis, Te felicito desde todo punto de vista: tu escrito,tu experiencia,tu sensibilidad que siempre tienes a flor de piel,tu alegria ,tu sensillez,tu deseo de aprender y de crecer!!! Te quiero mucho. Besos ,abrazos y felicitaciones a todo tu grupo musico- viajeros, MALU

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